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lunes, 25 de octubre de 2010

Las historias de mi abuelo

Cuando tenía cinco años todos los días iba a visitar a mis abuelos, era agradable, pues siempre me daban alguna golosina y sobre todo mucho cariño.
Al calor del brasero mi abuelo me contaba sus historias. Ésta es una de ellas:
Hace muchos años, cuando mi abuelo era joven, en nuestro pueblo había un gran pinar. Una tarde de un día caluroso de verano, la gente trabajaba en las labores del campo, unos trillando en la era, otros beldando, otros acarreando las haces de trigo, en fin, cada uno con su tarea.
Sobre las siete de la tarde subió el alguacil a la torre a tocar las campanas, pero no era a fiesta, sino para anunciar a los cuatro vientos que había fuego en el pinar. "Fuego, fuego", gritaba el alguacil.
Toda la gente del pueblo dejó sus tareas y cogió todo tipo de herramientas reuniéndose en el centro del pueblo.
Juntos subieron al pinar, al llegar se sorprendieron de la grandeza del fuego, trabajaron duro para apagarlo, unos con hachas, otros con azadones, etc.
Los corzos y conejos corrían por todas partes sin saber a dónde ir.
Bien entrada la noche sofocaron el fuego y unas cuantas personas se quedaron a vigilar. Pero a la mañana siguiente revivió el fuego y esta vez con más fuerza. Tuvo que intervenir el ejército debido a sus grandes dimensiones.
Las consecuencias fueron muy malas ya que las familias que vivían de la madera o de la resina se quedaron sin trabajo.
Según mi abuelo, el incendio fue provocado. Él me enseñó a cuidar y a respetar la naturaleza.
Ésta es una de las aventuras del abuelo de Samuel Rey.

viernes, 22 de octubre de 2010

Cuento dedicado a mi abuelo


Yo siempre me había llevado muy bien con mi abuelo. Tenía unos perros que tanto a él como a mí nos encantaban.
Cuando uno de ellos murió, mi abuelo cayó en una gran depresión.
Probamos de todo para sacarle de ese estado e incluso compramos otro perro, pero no funcionó; él decía que quería el antiguo, el que siempre había tenido.
Hasta que un día probamos algo nuevo, fuimos al bosque y le hicimos al perro una tumba en la que tallamos una escultura de piedra exactamente igual al perro.
Se la enseñamos a mi abuelo y quedó encantado.
Nunca más volvió a estar triste.

lunes, 18 de octubre de 2010

El abuelo y el niño


Érase una vez un niño que se perdió en un bosque. Estuvo solo hasta que un abuelo lo encontró y le preguntó lo que le pasaba. Le contó lo que le sucedía.
El abuelo le dijo que él también se perdió en un bosque y que tuvo que criarse solo. Así fue cómo el niño se puso muy contento al saber que había alguien con él.
Al llegar la noche, para dormir, el abuelo le contó un cuento. Trataba de un niño triste que estaba solo en el bosque, perdido, sin saber dónde ir... pero que tuvo la suerte de encontrarse con un señor que le adoptó y se alegró mucho de tener una familia. Antes de que terminara el cuento, el pequeño se durmió.
Al día siguiente el abuelo quiso enseñarle muchas cosas, le dijo que iban a investigar. Aprendió a cazar, a pescar...
Después de unos días le preguntó al niño si quería irse a vivir con él y éste le respondió que sí.
Cuando le preguntó que porqué no le había llevado antes a su casa, le contestó que quería que se hiciera fuerte, que aprendiera a sobrevivir.
Pasados tres años, el abuelo murió y el niño tuvo que cuidarse solo.

viernes, 15 de octubre de 2010

El mejor tesoro del mundo

Ayer fue mi cumpleaños y mi abuela iba organizarlo.
La fiesta comenzó. Había globos, golosinas, bebidas...
De pronto, mi amiga Patri encontró un mapa... ¡Del tesoro!
Nosotros nos sorprendimos al verlo y no reaccionamos hasta que mi abuela dijo:
- ¡Vamos a por el tesoro! - Y todos a la vez gritaron: sí.
Antes del tesoro había que pasar por el bosque de la bruja.
Mi abuela, que era la jefa, dijo:
- ¡Vamos al bosque de la bruja! - Y todos decíamos un, dos, un, dos... hasta que llegamos.
Al entrar no vimos ninguna bruja hasta que se oyó algo en el cielo ¡uaaaaaaa!
Teníamos que correr como nunca. Mi abuela era la que más corría y me sorprendí. Y, llegamos al final.
¡Qué alivio! - dijeron algunas amigas.
Llegamos al tesoro y vimos el cofre y cuando lo abrimos tenía...
¡Golosinas y regalos para todos!
Yo también sabía que tenía el mejor tesoro del mundo, mi abuela.

jueves, 14 de octubre de 2010

El bisabuelo

Érase una vez una familia feliz que iba en un coche a la fiesta de cumpleaños del más pequeño de 12 años. Faltaban dos kilómetros para llegar. Al llegar a una curva pronunciada, el coche volcó y cayó por un terraplén. Sólo sobrevivieron el abuelo y el nieto. Éste se fue a vivir con el abuelo, su único familiar, al que quería mucho y al vivir juntos, todavía mucho más.
Los dos jugaban en el parque, el abuelo ayudaba a hacer las tareas a su nieto... y poco a poco se fueron quitando los recuerdos del fatal accidente.
El nieto estuvo viviendo con el abuelo hasta que se casó ya que le ofrecieron un trabajo en Estados Unidos. El abuelo se quedó solo y le volvieron los recuerdos de su esposa y de su hija muertas en el accidente, todos los días iba al cementerio a llevarles unas flores.
Así estuvo hasta que recibió una llamada de su nieto diciéndole que volvía para visitarle y para enseñarle dos sorpresas.
El día que llegó, el abuelo se alegró mucho.
Baja, que quiero enseñarte algo - dijo el nieto.
Le estaban esperando la mujer del nieto y sus dos hijos, un niño y una niña. Ahora ya era bisabuelo y la mejor noticia que recibió fue que iban a quedarse a vivir con él.
El abuelo se alegró mucho y todas las tardes iba con sus biznietos a jugar al parque.
¡Era tan feliz como antes!

lunes, 11 de octubre de 2010

Mi abuelo y yo

Era un día de verano. Mi abuelo y yo fuimos al Punto Limpio para dejar unos aceites del coche. Cuando nos íbamos a marchar, vimos una extraña máquina...
Decidimos llevarla a casa para ver lo que hacía. Al día siguiente, nos pusimos a reconstruirla, un cable por aquí, otro por allá y así toda la tarde, hasta que al final la terminamos. Antes de probarla fuimos a comer y a descansar.
A la mañana siguiente, la pusimos en marcha y... De ella salieron dos soldados que decían que ¡venían del futuro!
Mi abuelo y yo nos quedamos perplejos porque habíamos encontrado una máquina del tiempo. Les dijimos a los soldados que si querían quedarse a cenar, dijeron que sí y al decírselo a la abuela, ¡casi se desmaya!
A la mañana siguiente, ya no estaban los soldados. Esa tarde fuimos al Museo de la Ciencia de Burgos y el director se quedó impresionado al verla, tanto que llamó a todos y cada uno de los museos de Burgos.
El Ayuntamiento de Burgos no tardó en enterarse y nos llamó para otorgarnos una medalla de oro. A partir de entonces, cualquiera puede ir al futuro, ¡sólo es necesario una sonrisa!

viernes, 8 de octubre de 2010

Las historias del abuelo

El señor Félix es un anciano de 82 años. Desde hace unos años vive en la ciudad, pero toda su vida la había pasado en su pueblo.
En estos momentos se dedica a estar con su esposa, sus hijos y sus nietos.
Con quien mejor se lo pasa es con sus nietos, pues a ellos les cuenta sus experiencias de cuando era joven.
A sus nietos más pequeños les gusta oír las historias de su abuelo, la que más les gusta es cuando el abuelo Félix que se dedicaba a hacer carros de madera para que los bueyes hicieran el trabajo del campo.
Félix les contaba que en sus tiempos nadie del pueblo tenía coche y que el medio de transporte más rápido era la bicicleta.
Cuando necesitaba alguna pieza especial para construir un carro tenía que ir a la ciudad. Desde su pueblo a la ciudad había 80 km por unas carreteras en muy malas condiciones y con muchos baches.
Tardaba mucho, un día en ir y otro en volver, pues la bici era vieja y pesada; como no tenía dinero para ir a un hotel iba a casa de algún conocido del pueblo, allí le daban comida y cama. Al día siguiente compraba la pieza necesaria y volvía al pueblo.
El abuelo mira a sus nietos emocionado, pues los niños escuchan las experiencias del abuelo atentamente.
El abuelo suspira: “fue muy dura la vida la vida en el pueblo, pero hoy estoy orgulloso de poder contar a mis nietos estas aventuras.

martes, 5 de octubre de 2010

La fiesta de mi abuelo

Me llamo Paula, tengo 11 años y os voy a contar un cuento precioso que me ha contado mi abuela. Empieza así:
Había una vez un niño llamado Juan que era muy cariñoso y casualmente al día siguiente era el cumpleaños de su abuelo.
Él tenía pensado hacerle una fiesta sorpresa y comprarle unos pantalones que su abuelo había querido siempre. No encontraba tiempo para prepararla, tenía que pedir ayuda a alguien. La noche anterior a la fiesta reunió a todos sus amigos y empezaron la preparación hasta las tantas de la noche. Les dijo a todos que la fiesta sería al día siguiente a las ocho.
Cuando estaba en la cama le vino a la cabeza que no tenía dinero suficiente para comprarle el regalo y a la mañana siguiente fue a buscar a su amigo Pablo y decidieron trabajar un poco para conseguirlo. Del esfuerzo, terminaron jadeando... pero con dinero suficiente. Ahora sólo les quedaba llevar al abuelo de Juan a la fiesta sin que él se enterase de lo que más tarde sucedería.
Al llegar se puso tan contento que comenzó a dar besos a todo el mundo. Y cuando vio el pantalón, se puso más contento aún.
Juan se había esforzado muchísimo para que su abuelo se divertiera. Y yo... también me esforcé comprándole una colonia... ¡Ja, ja, ja!

miércoles, 13 de mayo de 2009

Querido abuelo

Hola, me llamo Bea, tengo 20 años y os voy a contar una historia de hace 9 años. Resulta que con mi abuelo Francisco siempre me llevaba muy bien. Gracias a él había visto comer a una ardilla, beber de una gota de agua a una hormiga, a un castor hacer su casa con palos... Muchísimas cosas la mar de interesantes.

Un día el abuelo me dijo muy serio: - Mañana te voy a enseñar una cosa que te va a encantar-. Y, sin decir más, entró en su habitación y cerró la puerta.

Serían las 8:00 de la mañana cuando mi abuelo me despertó. Anduvimos una hora y media y me dijo: - Hemos llegado-. Entramos en una cueva iluminada por no sabía qué. Hasta que lo vi, era una urna y en medio flotaba una rosa con los pétalos de todos los colores del arcoiris.

Mi abuelo me explicó que cuando era pequeño se perdió en el bosque y encontró esta cueva. Él decía que esa flor era un signo de amor, cariño, amistad... y para él significaba mucho. Y sólo alguien que lo necesitara de verdad cogería la flor.

Mes y medio después ingresaron a mi abuelo. Un día fui a verlo. Le conté que el día anterior oí a un lobo aullar y que mi padre se asustó. Mi abuelo esbozó una de sus sonrisas y fue la última porque ese mismo día por la noche murió.

Para consolarme me fui a la cueva de la flor, entonces se me ocurrió una idea, no muy sensata.

Fui acercándome a la urna, las palabras de mi abuelo resonaban en mi conciencia: "Sólo aquél que lo necesitara de verdad cogería la flor", la levanté sin esfuerzo. Y la rosa se inclinó y flotó hasta mi mano.

Me fui corriendo con ella en mis manos, bien agarrada. La flor no había perdido su brillo. En cuanto llegué al cementerio planté la flor detrás de la tumba de mi abuelo para que nadie la cogiese.

Por la noche soñé que mi abuelo iba al cielo con la flor en la mano y de sus labios salía un "GRACIAS".

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