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viernes, 8 de abril de 2011

La ciudad de la música

Me llamo Sara y tengo 11 años. Hoy os voy a contar lo que me pasó el año pasado: Estaba jugando a la Nintendo, cuando de repente mi madre, me dijo con una sonrisa en la cara:
-Sara, te he apuntado a percusión.
-De verdad, dije yo. -Sí, y empiezas mañana.
-Vale, gracias mamá.
Entonces fui a prepararme.
Al día siguiente, después del colegio fui a percusión, pero no empezó nada bien, había un niño que intentaba que me castigaran y al quinto día lo consiguió, pero no sabía que eso iba a cambiar mi vida.
Me quedé en la clase haciendo copias hasta que acabé dos hojas enteras. De repente el reloj empezó a dar vueltas, bueno un momento después todo daba vueltas y vueltas. Y justo antes de que me desmayara todo paró, pero la batería empezó a tocar de una manera muy rara, me acerqué a ver qué le pasaba a la batería y de repente me absorbió. Cuando me desperté pensé que todo había sido un sueño, pero no estaba en casa, estaba al lado de una fuente que echaba notas musicales. Era precioso, pero a la vez me daba miedo estar ahí. Estuve visitando toda la ciudad, buscando alguna manera de salir.
Lo raro era que no había nadie en esa ciudad. Y, al final del día conocí a la única persona que había allí.
Él me dijo que hacía un año toda la gente era feliz, pero desde que hubo terremotos todas las notas desaparecieron menos ella.
Al parecer, ella se llamaba DO, también me dijo que las otras seis notas estaban bajo tierra y sólo se podía bajar por una cueva.
Yo le dije que íbamos a bajar para salvarlas y así lo hicimos.
Abajo todo estaba oscuro, se oían unas voces al final del pasillo; caminamos hasta ver lo que había allí. Eran las seis notas, las sacamos, las subimos y tapamos la cueva.
Desde entonces quedaron libres. Me dijeron que juntas podían hacer un portal para volver al mundo y así lo hicieron y al volver vi que el tiempo no había cambiado; contemplé algo que nunca había contemplado en mi vida.

jueves, 7 de abril de 2011

La ciudad subterránea

Era una ciudad normal que estaba sumergida en el agua del Atlántico, creo que se llamaba...¡Atlantea! Era un día normal como todos: niños jugando en sus casas, gente en el supermercado…
Eran las 6:00 horas, se empezó a mover la tierra bruscamente. La gente al principio no se dio cuenta pero al final vio a lo lejos unas manchas negras que se acercaban a gran velocidad. Tardaron mucho en llegar y les dio tiempo a pensar que serían sirenas, submarinos...
Uno dijo: -¡son tiburones!
Las personas que lo sabían intentaron huir pero el intento fue nulo puesto que venía por todos los lados.
Pasó media hora cuando todos estaban en sus casas asustados. Cuando llegaron los supuestos tiburones la gente que los observaba intentó esquivarlos pero un hombre se quedó fuera; nadie sabía lo ese hombre hacía, pero él sí que sabía a lo que se enfrentaba y pensó:
-Colocaré unas trampas a ver si puedo atrapar a uno y usarlo como cebo para atrapar a los otros tiburones.
Mientras la gente de la ciudad pensaba:
-Ese hombre está loco de verdad, le comerán los tiburones. Él no pensaba que iba a morir, él sólo pensaba en salvar a su ciudad. Estas manchas negras que parecía tiburones tan solo eran bancos de peces. Los ciudadanos pensaron matar al que dijo que eran tiburones por el susto que se habían llevado todos. Entonces el hombre loco dijo:
-No podéis matarlo, tan solo dijo una propuesta como todos los demás.
El hombre muy agradecido le dio las gracias.
-Muchas gracias buen hombre.
-Tranquilo, no pasa nada, tú no dijiste más que una propuesta.
-Pero al menos acepta esto como mi agradecimiento.
Era un gran collar con diamantes y joyas incrustadas. Para él fue una gran recompensa por su trabajo.

miércoles, 6 de abril de 2011

La ciudad de Nevado

En un lugar lejano existía una ciudad llamada Nevado en la que no conocían la Navidad. Nunca habían sentido la felicidad que se siente en estas fechas. Unos viajeros fueron de viaje a Nevado. Cuando salieron de visitar un monumento, un montón de niños se acercaron a los viajeros. Y les preguntaron:

-¿Qué se habían pedido para los Reyes Magos?

-¿Quiénes son esos? preguntaron los niños.

Al oír la pregunta de los niños se quedaron extrañados y entonces les explicaron que eran 3 señores que se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar, que la noche del día 5 de enero reparten regalos a todos los niños que se portan bien y carbón a los que se portan mal.

Los viajeros regresaron a su ciudad y al siguiente año volvieron a Nevado con montones de regalos, se los repartieron a toda a la gente. Y les fueron contando todo sobre la Navidad (la familia se reúne, se celebra el nacimiento de Jesús, montan belenes, se cuentan cuentos de Navidad, cantan villancicos, se mandan postales para felicitarse las fiestas, etc.) También llegaron los Reyes Magos y Papa Noel.

Y reinó la felicidad para siempre en Nevado.

Pero el mayor problema era que había mucha gente enferma porque sólo comía dulces y grasas ya que no tenían ni verduras ni frutas. Entonces los viajeros les llevaron frutas y verduras y les enseñaron a cultivarlas ellos mismos. Y así siempre estaban sanos.

El siguiente año los habitantes de Nevado visitaron Burgos invitados por los viajeros y conocieron nuestra impresionante Catedral, el Castillo, la Cartuja de Miraflores y el supermoderno Museo de la Evolución Humana, incluso los Yacimientos de Atapuerca, y se quedaron alucinados.

sábado, 12 de marzo de 2011

Gabriel y la ciudad misteriosa


Gabriel era un niño muy alto, fuerte, ágil, pero un poco cabezota. Un día se preguntó qué habría en aquella sala tan oscura y terrorífica. Se propuso averiguar porqué había tanta oscuridad.
Se preparó su maleta de detective y se fue a averiguarlo. Cuando llegó allí vio una sla con montones y montones de generadores; probó a tocar el primer botón y no sucedió nada; con el segundo, tampoco, ni el tercero, ni el cuarto... hasta que llegó al último botón.
De pronto, después de pulsarlo, se encendió la luz de una sala en la que había otro generador y un señor un poco mayor sentado en una silla.
Gabriel le despertó con mucho cuidado, empezó a explicarle cómo funcionaba todo. Más tarde, al acabar la conversación, Gabriel le hizo unas preguntas y una de ellas fue:
-¿Por qué esa sala siempre está oscura?
- No se utiliza mucho - le contestó.
- ¿Podría verla?
- ¡Claro que sí!
Cuando entraron en la sala Gabriel quiso tocar un botón, pero el hombre se lo impidió. El niño le dijo que porqué no le dejaba y él le dijo que era una de las salas más importantes y que sólo se podía entrar con el Alcalde.
El niño al escuchar eso, salió escopetado a buscar al Alcalde y le llevó al lugar. Éste le explicó cómo funcionaba esa sala particularmente.
Y después del sermón, el niño le dijo al Alcalde que tenía que volver a utilizar esa sala porque si no, millones de personas tendrían que pagar la luz de sus casas a doble precio.
El Alcalde escuchó al niño y lo que dijo le llegó hasta el corazón.
Al día siguiente el Alcalde se levantó muy contento esperando ver las sonrisas de todas las familias. Y así fue, todos se pusieron muy contentos y Gabriel también porque había descubierto lo que él siempre había querido.

sábado, 26 de febrero de 2011

La ciudad "Flallers"

Gabriel y Julián, dos hermanos gemelos, son de aspecto igual, aunque de carácter opuesto; en alguna ocasión son iguales, pero normalmente son distintos.
Gabriel es deportista al igual que su hermano, a los dos les gusta el fútbol sala, en lo demás son distintos… nada o casi nada se parecen.
Los dos son altos, Julián es majo y estudioso, y Gabriel es tozudo y agradable.
Estaban desayunando y… se dieron cuenta de que el suelo era esponjoso y blanquecino, no lo podían coger pero sí tocar, estaban solos.
- ¿QUÉ NOS ESTA PASANDO? No es posible, y nuestra casa. ¿QUÉ?!!!!!!!!!!
- PERO…. ¿DÓNDE ESTAMOS?
- ESTAMOS EN UNA CIUDAD QUE ES UNA NUBE!!!!!!
- Mira allí, dijo Gabriel
A lo lejos se podía divisar una especie de palacio, de camino al palacio se encontraron con animales extraños, que eran reales no de nube como pensaban. Cuando faltaba poco, la nube se esfumó durante dos segundos, se pegaron un susto de muerte. Entonces… vieron una silueta y pensaron que podía ser de una persona, cuando se iban acercando la silueta iba tomando forma pero… ¡era demasiado alto para ser humano!
- Eso no es humano - dijo Julian.
- Eso es obvio - respondió Gabriel.
Se acercaron, no eran desagradables, eran distintos. Se atrevieron a preguntar:
- ¿Quiénes sois? ¿cómo os llamáis?
- Respondieron con voz grave y segura – somos los ¡¡Flallers!! Os estábamos esperando.
Al entrar se encontraron con…. ”LOS FLALLERS”. Eran raros, pero parecían amigables.
- ¿Nos has traído tú? - preguntaron los dos hermanos simultáneamente.
- Sí- respondió la criatura, la nube que estáis pisando se está desintegrando.
- ¿Por qué? - preguntaron los dos.
- La piedra Escay se está apagando, les dijo a los hermanos. Si vosotros tocáis la piedra Escay os convertiréis en Flallers. Necesitamos que lo hagáis para llegar al volcán, y entregarle la piedra.
-¿Por qué no vais vosotros? - preguntaron enfurecidos.
- Porque somos de nube y nos evaporamos. Vosotros pareceréis Flallers, pero no os pasará nada ya que no estáis hechos de nube.
Julian y Gabriel tocaron la piedra y fueron hacia el volcán, solo había que tirar una piedra, con suerte no se tenían que acercar mucho.
Cuando estaban bastante cerca notaron la presencia de algo nada bueno.
Eran Flallers, pero éstos eran oscuros.
- Nos están acorralando - dijo Julián.
- Parece que quisieran arrojarnos al volcán, estamos demasiado cerca y noto excesivo calor. INTENTEMOS ESCAPAR JULIÁN.
¿ALGUIEN NECESITA UN REFRESCO? ¡¡¡¡¡¡ ¡ CORTEN !!!!!!!!!!! Seguiremos dentro de media hora. Que descanse todo el mundo, los Flallers también.

viernes, 18 de febrero de 2011

David y la ciudad Plasma

Érase una vez un niño llamado David. Un día, encontró un aparato con un botón rojo y uno azul. David tuvo curiosidad por el aparato, pero, su padre le cogió el aparato y dijo:
-David, no toques eso.
-¿Qué es, papá?
-Es un aparato que he construido para transportar personas y animales. Pero no lo he probado. Ahora me iba a la tienda de animales a comprar un hámster.
El padre se fue y David usó el aparato y se tele-transportó a un videojuego. El chaval no se creía lo que estaba pasando, pero un grupo de animales le dijo dónde estaba: en la Ciudad Plasma. David se lo pasó muy bien aunque cuando se dio cuenta de la hora, ya era tarde.
La ciudad estaba destruida y había una sombra gigante que estaba atacando a los ciudadanos. David vio una espada y un escudo e intentó luchar contra la sombra gigante. Ella disparó bolas negras y al caer al suelo se transformaron en monstruos muy pequeños. David con la espada les atacó y al darles tres veces desaparecieron. El niño, con la espada, dio a la sombra gigante tres veces, pero no desaparecía, entonces la sombra le atacó y le mandó muy lejos…
Al volar vio dos montañas y supo que el camino iba a ser muy largo y que iba a tardar un montón para llegar a la ciudad.
Su padre llegó a casa y David le oyó. Intentó llamarle, pero no le oía. Su padre envió al hámster que había comprado al videojuego.
En el videojuego, el animal era gigante y David pensó:
-Me podría montar encima del hámster para que me llevara a la ciudad.
Seguía estando la sombra en la ciudad y David le lanzó comida para que el hámster le atacara.
Al final, David consiguió vencer a la sombra, y de repente, salió del juego sin casi darse cuenta.
Su padre le preguntó dónde había estado y David le contestó que había tenido una aventura “movidita”.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Ayer y hoy de mi ciudad

En uno de estos días especiales de Navidad me junté con toda la familia para celebrarlo todos juntos.
Cuando todos acabamos de comer, me senté al lado de mi abuela, porque ella siempre me cuenta historias de cuando era joven, como hacen todos los abuelos con sus nietos.
Pero esta vez fue diferente, la historia pareció un poco rara, distinta a la de otras veces, pero aun así, era muy interesante.
Empezó contándome que en la misma calle en la que yo vivo, antes no había casas, solo era un campo de tierra mala en la que los niños jugaban al fútbol a la salida del colegio antes de que sus madres les llamasen para comer. Ahora eso era una zona urbanizada.
También me contó que ahora es el centro comercial más grande de la ciudad, antes era un área en la que no había nada y algunos que tenían un pequeño negocio iban allí a vender algo de comida como en las plazas de los pueblos, y que no había carros ni cestas como las de los supermercados de ahora sino que lo llevaban en sacos e iban en carros de caballos.
Pero una de las cosas que me llamó la atención fue cuando me dijo que ella cuando era como yo, acompañaba a su madre a lavar al río, no existían las lavanderías y el jabón con el que lavaban lo hacían ellas con aceite ya usado.
Se colocaban en la orilla con dos tablas, en una se apoyaban ellas y en la otra la ropa que iban a lavar, después la secaban al sol.
Yo no pensaba que una ciudad podía cambiar tanto en menos de un siglo, antes los parques tenían un balancín, un tobogán y un columpio, ahora tienen muchas más cosas, más fuentes, autobuses, antes tenían que ir andando.
El tiempo pasó muy rápido y empecé a decir a mis padres que nos teníamos que ir a casa así que mi abuela me dijo que a la semana siguiente volviese y me seguiría contando más cosas.
De camino a casa, en el coche, escuché a mis padres hablar de una noticia que estaban dando en la radio. Decían que Burgos había sido seleccionada como opción a ser Capital Europea de la cultura. Entonces entendí todos los
carteles que veía por la calle en los que ponía Burgos 2016. Mi madre me explicó, que consistía en tener una ciudad bonita y culta, en ese momento me acordé de lo que me había contado mi abuela, de todas las mejoras que había tenido la ciudad, y pensé que Burgos merecía ganar.
Ese día me acosté pronto después de cenar y seguí pensando en lo mismo. Acabé soñando y cuando me desperté pensé: Espero que se haga realidad.

Desde Edimburgo, Miguel Vivanco, artista burgalés, nos envía estas dos fotografías que amplían la información de esta entrada. MUCHAS GRACIAS.
Villafranca fue un fotógrafo burgalés que hace 50 años sacaba muchas vistas como ésta.
"El año de esta otra foto, creo recordar, fue "eucarístico nacional"; colocaron en los chapiteles de la catedral, además de grandes insignias de Acción Católica, unos potentes altavoces desde donde lanzaban música al estilo de "clásicos populares". Sentado en el primer peldaño, al borde de la calle (por donde pasa el carro de bueyes) en una plácida tarde primaveral, disfruté de mi primera audición. Tenía 6 años".

lunes, 7 de febrero de 2011

El país de luminandia

El 5 de marzo Juan y su familia se cambian de casa. Él no quería, pero cuando vio lo grande y bonita que era la nueva, cambió de opinión. Además, ese día su padre le entrega un collar con un amuleto que había pertenecido a su abuelo. Es muy valioso, con él lograrás cuanto te propongas, sólo tienes que desearlo con todas tus fuerzas, le dice poniéndoselo en el cuello. Juan lo toca con sus manos y dice, gracias papá, no me lo quitaré jamás.
Enseguida comienza a recorrer todas las habitaciones, la cocina, el salón, el ático, dejando para el final el sótano. Baja las escaleras y comprueba que es pequeño, oscuro y que está casi vacío, sólo hay un gran armario. Siente curiosidad y abre sus puertas, como ve que no hay nada dentro, las cierra y se marcha sin más.
Al día siguiente invita a su amigo Pedro a conocer la nueva casa. Después de verla por dentro, salen al jardín y deciden jugar al fútbol. Aunque se lo estaban pasando muy bien, después de un largo rato, acuerdan hacer un descanso. Enseguida ven cómo el balón empieza a rodar solo, hasta llegar al sótano, parándose justo al lado del armario. Juan, aunque está muy cansado, corre a buscarlo. Su sorpresa fue cuando al cogerlo, el armario empieza a brillar y se abren sus puertas invitándole a entrar. Sin dudarlo, entra y ¡Uf! siente que le ciega tanto brillo, que comienza a flotar y que algo mágico le está transportando a otro mundo.
Pasados unos minutos abre sus ojos y exclama ¡Qué es esto! No puede creer lo que ve. Está en un país donde todo es enorme, luminoso, los casas son castillos que brillan como el oro, los ríos parecen mares de plata y sus gentes son gigantes. Justo a su lado hay uno observándole, seguramente extrañado por su tamaño, al que Juan pregunta qué lugar es ese. El país de Luminandia y mi nombre es Giganmario, le contesta. El chico asustado quiere salir inmediatamente pero el gigante le dice que de allí no sale nadie si no lo autoriza el Giganrey. ¿Y dónde está ese rey? pregunta Juan. Sólo lo sabe el gigante Vesugo que vive en lo alto de cima y, para que te lo diga, tendrás que superar las tres pruebas establecidas: una de habilidad, otra de honradez y, por último, una de fuerza.
Juan al ver la montaña que tenía que subir tan alta calcula que tardará días en llegar, pero no pierde tiempo y se pone en camino. Al poco ve un caballo, también gigante y brillante claro, que le miraba de una forma especial. Le parece precioso y se imagina montado en él ¡Sería estupendo que me llevara hasta el Vesugo! Aprovechando que estaba tumbado, se sube a su lomo y comienza a acariciarlo suavemente y sin parar. De pronto, el caballo se levanta y comienza a caminar rumbo a la montaña. ¡Este caballo es sabio, sabe a donde tengo que ir!, te llamaré “Burgalés”, exclamó Juan muy contento.
Cuando estaban subiendo la montaña ve a lo lejos un castillo plateado y piensa ¡Qué bonito! ¡Cómo me gustaría verlo de cerca! Pero no, lo primero es lo primero, tenemos que ver cuanto antes a Vesugo. Ante su sorpresa, comprueba que Burgalés cambia de dirección, feliz exclama ¡Lo que digo, este caballo adivina mis pensamientos! ¡Es genial!
Al llegar al castillo ven en su puerta a un gigante viejecito muy triste y lloroso. Juan se acerca y le pregunta ¿Por qué llora? ¿Qué le pasa? El hombre contesta que ha sido maldecido por la bruja Giganmaruja, mi castillo antes era de oro y lo ha cambiado por plata. ¿Y por qué lo ha hecho? pregunta el niño. Me pidió oro para ayudar a personas con necesidades y no quise dárselo. Estoy muy arrepentido de mi egoísmo, pero ¿cómo llevar el oro a la bruja? Estoy muy mayor y mis piernas no resisten andar tanto.
Juan se queda pensativo, mira a Burgalés y observa que le guiña un ojo ¡Vale, es cuanto quería saber! A continuación pregunta ¿dónde vive la bruja? En la cueva que se encuentra un poco antes de la cima de la montaña, le responde. No llore más señor, le voy a ayudar, pero tiene que confiar en mí, yo se lo llevaré a la bruja, el palacio volverá a ser dorado y su conciencia quedará en paz. El viejecito muy contento le da gran cantidad de oro y se despide de ellos. Juan se sube al lomo del caballo, lo acaricia y ordena con cariño ¡Rápido amigo! ¡Tú puedes hacerlo!
Después de andar un largo camino llegaron a la cueva, hasta Burgalés estaba un poco cansado. La Bruja Giganmaruja le confirma que la maldición se debió a la avaricia y a la falta de generosidad del dueño del castillo. Estoy seguro que se ha arrepentido y, como prueba de ello, aquí está todo el oro que me ha dado, dice Juan. La bruja se pone muy contenta, era mucho más de lo que ella le había pedido. Con esto solucionaré los problemas de muchas familias necesitadas, además creo todo lo que me dices, así que, hoy mismo acabaré con la maldición del castillo, volverá a ser de oro y brillará más que antes.
Recuperados del cansancio, los dos amigos siguen hacia la cima de la montaña. Enseguida encuentran a Vesugo, un gigante más grande todavía que los demás. Se saludan y Juan le pregunta por las pruebas que tiene que superar para que el rey autorice el regreso a su país. ¡Has tenido suerte muchacho! le responde. Dos de las pruebas ya las tienes superadas. La de la habilidad, al conseguir que Burgalés, gracias a tus palabras y cariño, vuelva a sonreír y ser el gigancaballo más rápido y seguro de todo este país. La segunda, por ser tan honrado y generoso, no has dudado en entregar el oro que te ha dado el dueño del castillo para ayudar a personas que no tienen para comer, medicamentos, vestir, libros y otras cosas importantes. ¡Bien! grita Juan, ya sólo me falta la de la fuerza. Sí, tendrás que demostrarla haciendo una buena obra, le dice Vesugo.
Por más que piensa a Juan no se le ocurre nada y, a Burgalés parece no importarle su problema, no deja de mirar a una vaca que se ha metido en un barranco y no puede salir de allí. De pronto, grita: ¡Ya está! ¡Qué tonto! Se sube a Burgalés y le dice, con mi amuleto y tu ayuda lo conseguiré. Se acercan todo lo que pueden a la vaca, coloca el collar con el amuleto en sus cuernos y tira y tira de ellos con fuerza. Nada, ni se movía, hasta que pasado un ratito levanta una pata, luego otra, poco después el resto y sale del barranco. La felicidad de Juan es inmensa.
Vesugo que estaba observando con mucha atención la hazaña del chico no sale de su asombro y grita ¡Bravo! ¡Conseguiste tu prueba de fuerza! Vamos a ver al rey. Ya con el permiso para volver a su país, Juan se despide del gigante y se dispone hacerlo de Burgalés. Quiere que sea una despedida muy especial porque le ha cogido mucho cariño. Emocionado, se acerca al caballo, pero le entra un sueño que no puede vencer. Debe ser por la fuerza que he tenido que hacer para sacar a la vaca, se dice, y toca el amuleto que vuelve a estar en su cuello.
Cuando abre los ojos y ve a sus padres, se alegra mucho. Su madre le dice: Juan, despierta ya hijo, te has quedado dormido agotado de tanto jugar al fútbol, pero ya es hora de comer y tu amigo Pedro te espera. Juan se dice, si dormido...., cuando les cuente donde he estado y lo que me ha pasado ¡No se lo van a creer!

domingo, 6 de febrero de 2011

Andrés y la ciudad submarina


Andrés es un muchacho de doce años, alto, ágil, trabajador, simpático, optimista…
Una mañana, cuando se despertó, notó que el lugar que le rodeaba era extraño y desconocido.
Se levantó y observó detenidamente la habitación donde se encontraba. Se dio cuenta de que había bastantes objetos marinos.
Cuando salió a la calle, se percató de que estaba en un mundo sumergido.
Poco después, vio a las personas que habitaban allí: eran personas normales y corrientes, un poco bajas, tenían las orejas muy pequeñas y de una manera muy particular… Sus cuellos parecían muy largos. Se llamaban acuanautas.
Como Andrés no sabía qué hacía allí, le pareció bien visitar a las autoridades para que le informasen.
Andrés llegó a una mansión grande con jardines y fuentes.
Distinguió a un montón de personas importantes. Al fondo se encontraba el Alcalde.
Andrés se acercó y le dijo:
-Podría explicarme qué hago yo aquí.
-Estás aquí porque tienes que salvarnos de una invasión de peces espada. Por favor, ayúdanos.
-Pero… si yo… yo… no sé si podré hacerlo, soy sólo uno, no tengo armas y no puedo respirar bajo el agua…
-Toma estas perlas. Debes masticarlas de una en una. Serían peligrosas muchas juntas. Te protegerán de la alta presión del agua y te proporcionarán oxígeno.
Te daré a mi caballo de mar, Blackjack. Puedes hablar con él, te entenderá.
También te entregaré un tridente y una espada, pero no es una espada cualquiera.
Encontrarás a Blackjack, la espada y el tridente en el estanque.
-Está bien…Pero, ¿por qué tengo que hacerlo yo?
-Eres el hijo del Rey del mar.
Montado en su corcel se dirigió al lugar de la batalla. Era una lucha muy desigual, a favor de los peces espada.
En un momento determinado, él sacó una perla y se la comió.
Intrigados, los animales acuáticos, le preguntaron que qué era eso.
Él dijo que era una perla de la fuerza.
Ellos le obligaron a que les diera todas las perlas a cambio de su vida y la de los acuanautas.
Los peces iban engullendo las perlas y, mientras, ascendiendo hacia la superficie sin darse cuenta.
Sus esfuerzos por intentar bajar eran en vano y lentamente se iban alejando del lugar.
A la mañana siguiente, al despertarse de nuevo en su casa, Andrés vio unas perlas sobre la mesilla. Para él fue un misterio saber si era sueño o realidad.
Aprendió que la astucia y la inteligencia son mejores que la fuerza.

miércoles, 2 de febrero de 2011

La piedra sagrada

Érase una vez una ciudad invisible, suspendida en el aire llamada Neópolis.
Sus habitantes los neopolitas tenían un aspecto muy peculiar. Tenían cabeza de águila, cola de mono, y cuerpo de humano y tenían alas con las que se desplazaban de un sitio a otro.
Para que Neópolis fuese invisible, la ciudad tenía una piedra sagrada roja que se encontraba en el santuario más importante de Neópolis.
Un día el guardián del santuario donde se guardaba la piedra sagrada entró al santuario y vio que no estaba la piedra en su fuente y dio la voz de alarma al resto de la ciudad y dijo:
-¡Nos han robado la piedra sagrada!
Y justo en ese momento se calló la ciudad y se volvió visible.
Y dijo el jefe de los neopolitas:
-¡Seguro que han sido esos malvados del pueblo de al lado! ¡Los teopolitas querrán hacerse invisibles pero no podrán porque no tienen el agua mágica que está en la fuente sagrada!
Los teopolitas llegaron a su ciudad Teópolis, pusieron la piedra sagrada en su santuario, los teopolitas creyendo que la ciudad se había vuelto invisible y estaba suspendida en el aire salieron fuera de la ciudad pero vieron que no se había vuelto invisible ni estaba suspendida en el aire y dijeron:
-¡Pero qué pasa aquí! ¿Por qué no funciona la piedra sagrada?
En ese momento llegaron los neopolitas, le quitaron la piedra sagrada y le dijo el rey neospolita a los teopolitas:
-Yo te diré por qué no funciona, necesita el agua sagrada, que está en la fuente de mi pueblo.
Los neopolitas se fueron a Neópolis e hicieron un festín por haber recuperado la piedra sagrada.

sábado, 22 de enero de 2011

"Esfralia" una ciudad invisible

La ciudad que voy a describir es una ciudad que muy poca gente ha visto porque es una ciudad invisible. Se llama Esfralia.
La ciudad está situada entre el espacio aéreo y la Tierra en algún lugar de la Europa Occidental.
Las casas son de una sola planta para que los no habitantes que casualmente vean la ciudad no la distingan, salvo el edificio del Ayuntamiento que tiene forma de pirulí, ya que también sirve como antena de radio.
Las calles son pequeñas y estrechas porque tienen que aprovechar muy bien el espacio, pero a cambio están totalmente limpias ya que hay multas hasta por tirar un chicle.
No hay animales, por los ruidos que puedan hacer, pero hay muchas palomas y demás aves que en sus viajes, encuentran un lugar donde descansar en Esfralia.
Los árboles y las plantas tienen que ser artificiales porque el agua es un bien escaso y además las raíces son un problema pues la capa de Tierra es delgada.
No hay ríos ni montañas.
Los coches tampoco existen por su grado de contaminación, aquí todo el mundo se mueve en bicicleta o andando.
Sus habitantes pueden entrar y salir, subir y bajar a menudo, al médico, a comprar… Se confunden con nosotros y no los distinguimos, no llevan cuernos, ni tienen cuatro ojos.
A esta ciudad solo se puede acceder los martes y los jueves de 12 a 12:30 que es cuando la ciudad es más vulnerable y puede ser vista por personas que no viven allí, hasta ahora se han dado cuarenta casos documentados de personas que creyeron haber visto una ciudad flotando, pero al ser tan pocos y ser tan poco el tiempo de visión, nadie los creyó.
Para un perfecto control, los habitantes llevan un reloj que suena con una música especial los martes y los jueves a la hora de poder subir o bajar de Esfralia.
En esta ciudad solo viven familias que llevan en ella muchas generaciones. En Esfralia, se lleva un control riguroso sobre el peso de todos sus habitantes porque cualquier cambio puede hacer que su equilibrio en el aire se rompa y caiga a la Tierra.
Ya sabes, si alguna vez al mirar al horizonte, te parece que estás viendo personas y casas en el cielo, comprueba qué día es, y si es martes o jueves, no te preocupes, no estás loco.

miércoles, 19 de enero de 2011

Adrián y la ciudad invisible

Había una vez un niño muy curioso llamado Adrián, a él siempre le había gustado toquetear todo lo que veía, cosa que le había dado algunos problemas de vez en cuando.
Una tarde estaba en Londres con su padre y su madre comprando en las calles. Había, muchos escaparates y mucha gente. Entre la gente se fijó en dos individuos que llamaban la atención con su ropa, el primero era alto, fuerte y de pelo castaño y llevaba un hortera bombín color verde lima, una cazadora verde fluorescente y unos vaqueros de color rojo sangre. La segunda que era de estatura media y ojos con aire soñador, llevaba el cabello rubio, arreglado y denso, su ropa no llamaba tanto la atención como la del otro hombre. Adrián los siguió con la mirada y vio que se dirigían a un escaparate viejo sucio y asqueroso de una tienda llamada bazar Castilla; se dieron la vuelta como queriendo ver si alguien los seguía, cuando el hombre vio que no era así se metió en el escaparate y lo atravesó, detrás fue la mujer. Nadie se dio cuenta de que dos personas habían desaparecido delante de sus narices.
Adrián hizo lo mismo, se metió en el escaparate sin que le viera nadie y ante él se encontró en un vacío permanente, estaba flotando pero no podía ser, tenía que estar sobre algo ¡Despierta! Se dijo a sí mismo; para comprobar que no soñaba miró al exterior, estaba en las nubes, en el cielo vio pasar un avión delante de él. Vio a las dos personas que había visto antes, mascullaron algo que el niño no llegó a entender y de repente lo que parecía ser el vacío se convirtió en una ciudad. Y vio sobre lo que pisaba antes, era suelo, era una ciudad invisible y flotante. Vio a sus habitantes que eran personas como él. Él hombre del bombín lima lo vio y se le acercó y le preguntó:
-¿Quién eres tú?
El niño respondió:
- Un niño. Les vi en la calle, me llamo Adrián.
Y le explicó todo lo que había pasado. El hombre le comentó que aquella ciudad era el lugar en el que estaban las personas que habían muerto y habían sido buenos y que solo unos pocos mortales sabían su existencia. No debes contárselo a nadie; de acuerdo, le hicieron prometer Elena Y Roberto que así era como se llamaban. Y eso hizo el niño.

martes, 18 de enero de 2011

Aqualuna

En lo más profundo del mar de Hammer, existe una bonita ciudad submarina llamada Aqua. Un día cualquiera, sus habitantes estaban ocupados en sus labores cuando, de repente, el mar empezó a temblar.
-¿Qué pasa? ¡Socorro! - Gritaban todos.
Mientras el rey Estéfano pedía calma, Aqua empezó a moverse hacia arriba como si alguien estuviera tirando de ella. Nadie sabía lo que hacer, Aqua era una ciudad submarina en la superficie.
Incrédulos observaban cómo desde el rey hasta el más joven de sus habitantes, se habían convertido en humanos, es decir, tenían piernas. En ese momento todos comprendieron que tendrían que acostumbrarse a vivir allí.
Más tranquilos decidieron buscarle un nombre a su nueva ciudad y como ya estaba anocheciendo, alguien dijo:
-¡Podemos llamarle Luna!
El nombre les gustó a todos. Ya estaban más contentos, era una nueva vida y tenían que disfrutarla.
Cerca de la nueva ciudad de Luna se encontraba Terra, una grandiosa ciudad gobernada por Martín, un rey que tenía fama de avaro. Tanto es así que cuando se enteró de que Luna estaba en el mar de Hammer, se la quiso quedar.
Martín hizo llamar al rey de la nueva ciudad y le informó de sus propósitos:
-Mañana, al amanecer, iré a Luna con mi ejército –concluyó el rey de Terra.
Con el corazón encogido, el rey Estéfano volvió a su ciudad y explicó a todos que Martín quería quedarse su bonita ciudad, así que aunque fuera difícil, tenían que volver a hundirla, es decir, devolverla mar adentro.
Tenían poco tiempo y fueron a buscar a sus amigas las ballenas, las orcas… Y todo aquel animal marino que pudiera ayudarles. Cogieron cuerdas, se metieron en el mar y tiraron como si les fuera la vida en ello. Pocos minutos antes de que Martín se presentara allí con su ejército, consiguieron hundir Luna.
-Aquí no hay nada- dijeron atónitos los soldados.
Todos pensaron que el rey Martín había perdido el juicio y lo echaron de la ciudad de Terra.
Los habitantes de Luna que habían echado de menos las profundidades del mar, volvieron a recuperar sus aletas y felices hicieron una fiesta y brindaron por su ciudad a la que en recuerdo, pasaron a llamar Aqualuna.

lunes, 17 de enero de 2011

La ciudad encantada

Éranse una vez tres niñas llamadas Paula, Clara y Carolina.
Las encantaría tener una aventura de verdad como en los dibujos animados pero no habían tenido ninguna porque sus padres no querían que se metieran en líos...
Un día que se habían quedado con su abuela, José Luisa, la contaron su deseo de tener la mejor experiencia del mundo: una aventura.
Su abuela dijo que las contaría un cuento para animarlas...
Y aquí empieza nuestra verdadera historia:
Había una vez un niño llamado Caillou y su amigo Pochocho.
Ellos dos eran muy aburridos y nunca hacían nada...
Un buen día estaban solos en casa jugando al ajedrez y de repente vieron una luz resplandeciente que estaba dando vueltas a su alrededor.
Cuando ellos la miraron se fue hacia el sótano volando. Pochocho dijo que era mejor seguirla. La siguieron. Cuando la luz resplandeciente paró estaba en el garaje, ellos también pararon, la luz traspasó el baúl de tía Elena y Caillou abrió el baúl para meterse pero Pochocho no estaba seguro de si se metía o no, al final Caillou le convenció.
Cayeron en... ¡Una cama! ¿Dónde estarían?
De repente la luz se convirtió en la chica más guapa que habían visto nunca.
Ella les contó que estaban en la ciudad encantada donde podían hacer todo lo que quisieran. Ellos pidieron a Raquel (que era como se llamaba la chica) que les dieran un par de camas y dos batidos de chocolate .Pero Raquel les dijo que no porque les había traído aquí para solucionar su problema. Los dos a la vez preguntaron que cuál era su problema; ella contestó que eran los más aburridos del mundo y que con su ayuda lo iban a solucionar.
Raquel les llevó a su casa. Cuando llegaron vieron objetos que no habían visto nunca como un estuche que te hacía los deberes y una mochila que sabía andar sola.
El plan de Raquel era que les presentaría al panda que manda que les transmitiría el espíritu de la aventura.
La casa del panda que manda estaba en la otra punta de la ciudad encantada.
Cuando entraron en la casa se quedaron impresionados, había miles de fotos con un panda gordinflón con gafas y con pinta de listillo.
Raquel dijo que se quedaran ahí esperando. Mientras esperaban admiraron todas esas fotos una estaba en Rusia, otra en París, otra en Brasil...
¡Cómo puede un panda ir a todos esos sitios sin que le vean!
Cuando estaban mirando la foto en la que estaba en Londres, el panda apareció en medio de la sala como si hubiera aparecido de la nada.
El panda dijo que se llamaba miramequeguapoestoy pero todos le llamaban el panda que manda.
Les dijo que si estaban todo el día jugando a los videojuegos iban a perder muchos conocimientos que ya tenían. ¡Qué tenían que jugar a más cosas, tener más aventuras!
Luego les dijo que si iban con él a su jardín volverían a su mundo, pero que antes por portarse tan bien les iba a dar un batido de chocolate.
Raquel y miramequeguapoestoy pusieron en el batido unas pastillas que te metían el espíritu de la aventura.
Y cuando volvieron a casa cada vez eran más traviesos y cada vez querían más aventuras.
Y ésta es nuestra maravillosa historia –dijo la abuela a Clara, Paula, y Carolina.

domingo, 16 de enero de 2011

Una ciudad llamada Ember


Había una vez una ciudad subterránea llamada Ember, en la que tenían una dificultad: su luz dependía de un generador que estaba dando problemas día y noche.
Tenían constantes apagones, cortes de luz y hasta incendios en el viejo generador.
Uno de sus habitantes, una niña, tenía la solución para salir, aunque ella aún no lo sabía. Un día había encontrado una caja sospechosa. La abrió y encontró un papel, una especie de mapa y un trozo de cristal.
Claudia, la niña, decidió ir a inspeccionar la ciudad en busca de alguna pista, señal, signo… para buscar una salida al exterior.
Entró a los conductos de tuberías y halló una puerta con un dibujo y una cerradura en forma de X. Llamó a su amigo Peter, que tenía el mapa de las tuberías porque trabajaba en ellas.
Después de mirar el mapa, vieron que ¡la puerta extraña era la salida de Ember! Y la llave era la unión de dos trozos de cristal. Claudia sólo tenía uno de los trozos. Le faltaba el otro.
Al día siguiente, fue a ver al Alcalde de la ciudad subterránea y él tenía el otro trozo de llave, pero no iba a dejar que nadie saliera de allí…
Claudia se las arregló para conseguir el otro trozo de llave y lo logró gracias a un apagón del generador.
Ella y Peter juntaron los dos trozos de cristal y se dirigieron a la puerta que habían encontrado en el laberinto de tuberías. Metieron la llave en la cerradura y la puerta se abrió.
Allí encontraron una barca, subieron y remaron por un río subterráneo llegando a una laguna de cuyo extremo salían unas escaleras. Subieron por ellas y llegaron a la superficie. Se sentaron sobre un suelo verde, húmedo y fresco. Estaban en el exterior, al aire libre y veían el cielo por primera vez.
Estaban sorprendidos. Cuando terminaron de ver a su alrededor, cogieron un piedra y la ataron al mapa que conducía a la libertad.
La lanzaron al interior de la ciudad, y por suerte cayó en las mejores manos posibles. El padre de Peter recogió el mensaje y guió a todo el pueblo, excepto al Alcalde, ayudando a todos a salir al exterior.

sábado, 15 de enero de 2011

La ciudad invisible


Había una vez una niña llamada Leire y su hermana Nerea. Su padre se llamaba Javier y su madre Yazmín. Vivían en un pueblo de Sevilla llamado Aleluya.
Entre las dos se habían inventado un cuento, llamado “La ciudad invisible”.
Un día tal como hoy, las niñas desaparecieron, nadie sabía por qué excepto los padres.
Resultaba que Javier y Yazmín no eran sus padres biológicos, pues Leire y Nerea venían de otro sitio mágico, pero que no se veía excepto los que vivían allí y otras personas, muy pocas.
Así que todos preguntándose dónde estaban Leire y Nerea. Los “padres” les decían que estaban en unas vacaciones, pero nadie se lo creía.
Todos pensaban que las habían raptado.
Un día aparecieron las dos como surgiendo de la nada.
Las amigas de Leire y de Nerea ya estaban hartas de que estuviesen cada dos por tres desapareciendo y luego de la noche a la mañana volvieran.
Un día Leire y Nerea pensaban que nadie las estaba persiguiendo y resulta que sí las estaban observando sus propias amigas.
Cuando ya habían llegado a la ciudad llamada “Milagro” las amigas de esa ciudad las descubrieron, pues los dos grupos de amigas estaban hartas de sus desapariciones y el grupo de “Milagro” iba a hacer lo mismo que las otras.
Y Leire y Nerea lo tuvieron que explicar todo con pelos y señales.
Y las amigas de Sevilla se lo contaron a sus padres y así hasta que supo todo el pueblo que tenían poderes y que sus desapariciones eran porque allí tenían a sus padres biológicos.
Por su parte las amigas de “Milagro” también se lo contaron a los suyos y entonces también lo sabía todo el pueblo.
Y así era más fácil convivir porque no tenían nada que esconder.

viernes, 14 de enero de 2011

Una ciudad fantasma

Un día una niña y sus padres que vivían en un pueblo llamado Quiebra fueron a la ciudad para visitar a su familia por navidad.
Mientras sus padres hablaban por el camino, Marisa, que así se llamaba la niña, estuvo preguntándose a sí misma:
¿Seguro que tenemos familia allí?
Cuando llegaron a la ciudad la niña lo vio todo en blanco y negro, pero sus padres al contrario. Le dieron dinero para que se fuera a comprar algo, pero no encontró nada; al anochecer se iba a ir con sus padres cuando de pronto todo desapareció, excepto Marisa.
Ella estaba diciendo: papá, mamá, ¿dónde estáis? ¡Tengo miedo! Y ese día lo pasó allí. Al siguiente, se despertó en un cementerio, vio a dos personas y fue a preguntarles -¿habéis visto a mis padres?
Cuando se dieron la vuelta la asustaron; la cogieron y encerrándola en un ataúd, le dieron un trozo de pan con agua para alimentarla.
A la mañana siguiente unos niños volcaron el ataúd donde estaba Marisa; cuando consiguió verles la cara le resultó familiar ¡se parecían a sus padres!
Y llegó a la conclusión de que estaba en el pasado, cuando sus padres eran chavales. Ellos estaban enamorados y le enseñaron dónde vivían, la escuela donde estudiaban etc…
Pasó dos días con ellos y al tercero se despertó justamente en el momento en el cual ella se había preguntado si tenían familia allí. Cuando llegaron al pueblo se pusieron a comer, y les contó a todos el sueño que había tenido.
Nadie se lo creyó.

jueves, 6 de enero de 2011

Una ciudad llamada Lausinion


En una mañana de invierno que Laura se había levantado oía una vez más a sus padres pelear. Ella bajó con cuidado para que no la oyeran. Por suerte estaban en su habitación y no la oyeron bajar, cuando se dieron cuenta estaba desayunando y la niña al ver a sus padres se fue a su habitación a prepararse para ir a la nieve con sus amigas.
-Hola Laura ¿Qué tal por ahí?- le dijeron sus amigas.
Ella muy triste les respondió con voz penosa:
-Con las mismas discusiones de siempre.
-Vaya familia más rara.
-Oye mi familia no es rara.
-Una cosa es clara, hay un montón de discusiones.
-Mi familia no es rara-dijo Laura mientras corría hacia el bosque llorando.
De repente chocó con algo, pero no veía nada de nada; de pronto delante de sus ojos apareció una gran ciudad con edificios, con supermercados, librerías… Ella con voz asustada preguntó a un joven qué había en la entrada de la ciudad.
-¿Cómo se llama esta ciudad?
-Su nombre solo lo sabe el rey de este lugar.
-¿Y dónde le puedo encontrar?
-No hay ni rey ni reina. Solo quien tenga el corazón lleno de amor podrá ser el nuevo rey o reina. De momento, nadie de los aquí presentes ha sido elegido.
-¿Y podría ser yo?
-¡Claro! Por qué no. Ven conmigo, te llevaré a la esfera de corazón.
Cuando llegaron Laura vio una gran esfera en forma de corazón y puso su mano. Cuando la quitó brillaba algo en sus dedos… ¡Era una corona de reina! Ella sería la futura reina. Después de dos largos días fue coronada y reinó la paz en la ciudad, pero aún no había nombre para esa misteriosa ciudad, entonces ella le puso como nombre Lausinion.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

II NOCHE DE CINE Y EDUCACIÓN en Burgos

Día 13 de diciembre de 2010, a las 21:30 h se abre el cine Van Golem de Burgos.
El personal del cine nos ayuda a colocar la guía didáctica y la carta en las butacas. Pendientes de que no nos faltara nada. ¡Muchas gracias a todos ellos!
Son las 21:45 h, comienzan a llegar nuestros invitados. Primero lo hace nuestro Director Provincial de Educación, D. Enrique de la Torre con quien comenzamos la grabación de nuestro vídeo.
Juana del Cura, amiga de Doña Díriga, me ayuda a recibir a los asistentes, y Carlos Rojo, con su cámara realiza la grabación. ¡Gracias, lo habéis hecho muy bien!
Saludos, besos, abrazos... pasamos a la sala 6 y empieza la función.
Al terminar, no faltó un gran aplauso porque la película no dejó indiferente a nadie.
¡Sonrisas, alegría y despedida! ¡Qué peliculón! Una lluvia de estrellas con esos actores tan convincentes, tan expresivos...
Para que veáis cómo nos lo pasamos, os dejo un vídeo donde podéis apreciar el interés de todos.

II NOCHE DE CINE Y EDUCACIÓN en Burgos from Julita Fernández

domingo, 12 de diciembre de 2010

Hemos aprendido...

Trabajar en este proyecto colaborativo "II NOCHE de CINE y EDUCACIÓN" en el blog Expedición de Colón nos ha enriquecido:


* Mucho más de lo que nosotros hemos aportado.

* Nos ha hecho salir de las paredes del aula para ver y contrastar otras opiniones.

* Nos ha enseñado que se pueden hacer cosas grandes con procedimientos simples (animaciones Blogmaníacos).

* Trabajamos con mayor motivación al saber que nuestros trabajos los va a ver mucha gente y esto nos hace esmerarnos mucho más.

* Nos sentimos orgullosos cuando aportamos trabajos en los que se aprecia nuestro esfuerzo.

* Dar y recibir, investigar y compartir son palabras que forman parte de nuestro día a día.

* Trabajar con Doña Díriga siempre nos aporta cosas buenas: etiqueta de Buenas Prácticas, blog del mes en Educared, premio cine "También la lluvia" y participación en el nuevo blog "También la lluvia"...

* Hemos aprendido datos históricos que no conocíamos.

* Nos ha hecho protagonistas de los medios de comunicación de nuestra ciudad, prensa escrita y radio.

* Observamos las diferentes formas de trabajar con un mismo tema en las aportaciones que han hecho todos los profesores y alumnos implicados en este trabajo.

* Enriquece nuestra experiencia educativa en diferentes aspectos: comunicación, trabajo, opinión, responsabilidad a la hora de aportar algo nuestro que debe estar bien hecho, motivación para esforzarnos cada día un poco más, tema de debate con nuestras familias, conocimiento de herramientas nuevas de la web 2.0...


Por todo esto y mucho más, GRACIAS a todos los participantes, y en especial a Doña Díriga y Blogmaníacos por habernos dado esta oportunidad.

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