
Carlos era un arquero centinela al servicio de su Rey. Se pasaba los días en lo alto de la muralla de lado a lado mirando por si venía algún enemigo hasta que le mandaron a realizar una tarea fuera de su ciudad. Estuvo fuera una semana y al volver se encontró que habían atacado, a través del trozo de muralla que faltaba por terminar. Los Romanos, que eran los enemigos, habían secuestrado a los habitantes de Ávila entre ellos a su padre y a su abuela. Carlos quería salvarlos, pero sabía que si iba sólo, lo matarían. Como conocía muy bien la muralla, sabía que a través de ella había pasadizos secretos. Consiguió llegar a la sala del trono, donde estaba el líder de los Romanos: Julio César. Junto con cinco valientes compañeros, tramaron un plan.
Poco después los Romanos encontraron a su jefe muerto de un flechazo, Carlos lo había matado y sus compañeros liberaron a los campesinos.
Al día siguiente todo el ejército romano buscaba a Calos, que se escondió en los muchos pasillos de la muralla, aguantó hasta que el ejército de Alfonso XX, que estaba luchando en otro lugar, llegó y liberó a Ávila, su muralla y sus habitantes de los invasores romanos.
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